AVISO COLUMNISTAS

MONTÓN DE TIERRA

Por: Kelvin Monge

24 de Agosto del 2015

Hay una nube que ronda sobre la misma idea: Desde Lao Tsé a San Agustín o Milan Kundera se presenta esta cuestión y se resume en algo sencillo: La inmortalidad consiste en ser recordado.

Hoy decidí dar una vuelta por el Panteón Yáñez, en Hermosillo. Hay alrededor de 48 mil personas (que podrían verse como 48 mil historias de las que bifurcan tristeza, amor, política, lucha, lonches) y a consecuencia de esto el panteón está sobrepoblado. Sólo se permiten visitas, nadie puede quedarse más de un rato. Aquí lo que quiero resaltar: lo solitaria que era. Muchos podrán decir «¡Ay es que hace un calorón!»«¡Nhombre! Si tenía que ir pa´cá y pa´llá.» cuando honestamente hay una razón más profunda a ello. Hay una razón bajo la cual dejamos que la malahierba crezca, el nombre del difunto se borre, a Jesucristo le falte un brazo, y tengamos nada más que una tumba triste y abandonada. El cementerio en si mantiene un concepto muy católico y una aparente regla de que todo sea blanco, dándole esta sensación peliculezca, quizá un poco europea. Por favor no carguen al gobierno la responsabilidad del mantenimiento de los cementerios. Considero inasible al ciudadano que desde la comodidad de su casa se queja y se queja sin presentar iniciativa de cambio.

¿Cómo recordamos a los muertos hoy en día? ¿Cuándo fue la última vez que visitaste a un difunto? ¿Por qué esperamos hasta el día de muertos? ¿Necesitamos cementerios en el 2015? O mejor aún ¿todos merecemos una tumba?

No rechazo que es un tremendo penar el ser olvidado, puede incluso ser más lamentable que la muerte misma. Los cementerios llenos de tumbas abandonadas son la prueba viviente (ja) de lo complicado que es trascender más allá de la muerte. Aunque esta idea nos aterre, de todas maneras tenemos que ir a trabajar/estudiar al día siguiente y atender la dinámica social en la que estamos inmersos ¿Podemos emular una vida que vale la pena ser recordada de un día para otro?

Si ya se hizo la inversión para una tumba decorada con esculturales ángeles y cristos en pose de revista al menos procuremos el estado de estos memoriales, que no sean como tamagochis muertos de hambre que algún día juramos custodiar. Recuerdo en algún momento escuchar que ya nadie va al cementerio porque los que iban ya se murieron, irónico pero debatiblemente cierto, convertimos nuestra cotidianidad en movimiento, en sólo enfocarnos en cosas que tenemos que hacer, nos importa sólo lo que pasará después ¿debería ser así? Lo que nos queda es revaluar lo que nuestros familiares/amigos fueron para nosotros, averiguar dónde diablos están enterrados y darles una visita junto a alguien que quizá no los conoció tanto, piensen que la inmortalidad de su ser querido se prolonga.

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